Producción | Un productor de Larroque, Humberto Fiorotto repasó su historia en el campo, desde sus inicios a los 12 años hasta el presente, con sus hijos continuando el legado familiar y afirma: "los mayores tenemos mucho para decir porque la vida nos puso a prueba".
Humberto “Negro” Fiorotto, productor e integrante de la Filial Larroque de la Federación Agraria Argentina, repasó su vida ligada al trabajo rural y destacó el valor de la experiencia acumulada a lo largo de los años.
Descendiente de inmigrantes italianos, recordó que su familia llegó al país en busca de oportunidades.
“Mi bisabuelo trajo a mi abuelo siendo chico. Era zapatero en Italia y acá empezó amansando bueyes, sin saber, pero aprendiendo y metiéndose en tareas del campo”, contó.
El esfuerzo y la cultura del trabajo marcaron su historia desde muy joven. “A los 12 años hacía de todo, porque en esa época la mayoría de los trabajos eran manuales. A los 13 ya trabajaba como tractorero en un John Deere que acá llamaban ‘El Triunfo’”, relató.
Fiorotto destacó que su abuelo fue un adelantado para su tiempo: “Después de trabajar para otros, salió a sembrar por su cuenta. Fue un visionario. Mi padre siguió ese camino como colono, y yo probé distintas actividades hasta volver a la agricultura con un emprendimiento familiar que hoy continúan mis hijos, además de participar en una empresa exportadora”.
Sobre la actualidad del sector, consideró que hubo mejoras en los últimos años, aunque advirtió que aún queda mucho por hacer. “No creo que un solo gobierno pueda cambiar todo”, señaló.
También recordó su participación en el conflicto agropecuario de 2008, cuando durante meses se mantuvo en las rutas en rechazo a la Resolución 125, que establecía retenciones móviles y generó una fuerte protesta del sector.
El productor valoró la incorporación de nuevas generaciones a la actividad gremial: “Ver que hay jóvenes con ideas acordes a estos tiempos dentro de Federación Agraria genera esperanza”.
Finalmente, reflexionó sobre el paso del tiempo y los cambios en el campo: “Antes, en 80 hectáreas, una familia numerosa vivía, cada uno con su rol. Hoy eso es imposible”. Y concluyó: “Los mayores tenemos muchas cosas para decir, porque la vida nos fue poniendo a prueba y de los errores también se aprende”.