Economía | La balanza energética cerró con números históricos gracias a la explosión de producción de hidrocarburos y nuevas rutas de exportación. El país deja atrás la dependencia y mira a mercados globales con ambición.
Argentina volvió a dar señales claras de que su sector energético está reconfigurando la economía nacional.
Según el relevamiento publicado recientemente, la balanza comercial energética fue un factor clave del superávit global del país, impulsado principalmente por el crecimiento en exportaciones de petróleo, gas y derivados y la reducción de importaciones de combustibles.
El boom de la producción en Vaca Muerta, la vasta formación de hidrocarburos no convencionales en la provincia de Neuquén, es el principal motor de este avance.
En 2025 el país registró un superávit energético récord, con exportaciones de energía acercándose a los US$11.000 millones y un saldo positivo de alrededor de US$7.8 mil millones, un salto interanual notable.
Vaca Muerta: de “cuenca prometida” a protagonista global
La formación petrolera y gasífera ha dejado de ser una esperanza a futuro y se transformó en un gran generador de divisas.
La producción sostenida de crudo y gas desde Neuquén no solo abastece el mercado interno, sino que también se dirige cada vez más a mercados externos, con varios proyectos de infraestructura que ampliarán la capacidad exportadora.
Entre estas obras clave se destacan nuevos gasoductos y oleoductos que conectan Vaca Muerta con puertos y terminales para facilitar la salida de combustibles al exterior.
En particular, a fines de 2026 se espera culminar una conducción estratégica hacia Punta Colorada, en Río Negro, que abrirá aún más las puertas al comercio internacional energético.
La iniciativa energética no solo aporta a la balanza de pagos, sino que también puede reconfigurar las prioridades económicas del país: se proyecta que hacia 2030 la energía —incluyendo crudo, gas y sus derivados— pueda alcanzar exportaciones por decenas de miles de millones de dólares anuales, compitiendo con sectores tradicionales como el agroindustrial.
Menos importaciones, más divisas
La caída de las importaciones de combustibles también fue un factor determinante para mejorar el balance.
El aumento de la producción interna y la diversificación de mercados redujeron la necesidad de comprar energía en el exterior, liberando valiosas divisas y fortaleciendo las cuentas externas del país.
Este cambio ocurre en un marco global donde la energía sigue siendo uno de los rubros más dinámicos del comercio internacional, y donde los precios y la geopolítica energética son tan decisivos como la propia producción.
Para Argentina, consolidar esta competitividad será clave no solo para mantener cifras favorables, sino para atraer inversiones y sostener el crecimiento en un sector con enorme potencial.