Política | Javier Simoni, presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA), advirtió sobre el envejecimiento del parque de equipos, la falta de infraestructura adecuada y la burocracia bancaria que retrasa inversiones clave para el sector.
El presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA), Javier Simoni, expresó su preocupación por la situación que atraviesa el sector, marcada por un parque de maquinaria envejecido, rutas inadecuadas para el tamaño actual de los equipos y dificultades para acceder a financiamiento.
“El parque es muy antiguo. Estamos hablando de cosechadoras que deberían ser mucho más eficientes. A medida que envejecen, aumenta el riesgo de roturas y se pierde eficiencia”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó la necesidad urgente de renovar cosechadoras, pulverizadoras y demás equipos para sostener la productividad. Simoni también puso el foco en la infraestructura vial.
“Las máquinas son cada vez más grandes, pero las rutas son las mismas y los caminos de sierra son cada vez más chicos”, afirmó. Y agregó que prácticamente no existen normas que contemplen las dimensiones actuales de la maquinaria agrícola al momento de circular.
El dirigente graficó la situación con un ejemplo concreto: “Es ilógico que puedas cruzar con una lancha enganchada por el Puente Victoria-Rosario y no puedas hacerlo con una máquina para ir a trabajar. Te dejan pasar con elementos para turismo, pero no con herramientas de trabajo”.
Por ese motivo, desde la entidad reclaman una ley de tránsito agrícola que contemple la realidad productiva del país. “Somos un país agrícola. No se puede impedir el traslado de maquinaria cuando se trata de sostener la producción en provincias como Entre Ríos, Corrientes o Misiones”, señaló.
En paralelo, el presidente de FACMA insistió en la necesidad de líneas de crédito blandas y ágiles. Recordó que durante el lanzamiento de Expoagro 2026 se anunciaron opciones de financiamiento, pero cuestionó la demora posterior en las sucursales bancarias.
“En las muestras ofrecen créditos, pero cuando llegamos a nuestros pueblos nos piden requisitos que a veces son hasta risorios y nos demoran dos o tres meses. Se termina la cosecha y todavía estamos esperando el crédito”, expresó.
Además, señaló que muchas de las líneas disponibles están nominadas en dólares, algo inviable para el contratista que trabaja en pesos. “No podemos tomar créditos en dólares porque no facturamos en esa moneda. Y la burocracia también nos perjudica: no tenemos tiempo para ir 40 veces al banco”, explicó.
Simoni describió la realidad cotidiana del sector con una frase que sintetiza el momento: “Seguimos atando todo con alambre”. No obstante, aclaró que el objetivo es dejar atrás esa lógica y avanzar hacia un esquema que permita inversiones reales.
Finalmente, recordó el sacrificio que implica la actividad: “El contratista deja su casa, su familia, y vive meses en una casilla al costado del campo. Cuando el clima lo permite, tiene que trabajar. Es un esfuerzo enorme que muchas veces no se ve”.
Desde FACMA insisten en que el sector necesita reglas claras, infraestructura acorde y financiamiento accesible para poder seguir acompañando a la producción primaria, uno de los pilares de la economía argentina