Sociedad | En la madrugada del 3 de mayo de 1982, mientras buscaba rescatar sobrevivientes en el Atlántico Sur tras el hundimiento del ARA “General”, el aviso de la Armada Argentina fue brutalmente atacado por fuerzas británicas. Ocho tripulantes murieron y el resto protagonizó una de las mayores gestas de coraje de la Guerra de Malvinas.
Este domingo 3 de mayo se cumplen 44 años de una de las acciones más dramáticas y heroicas de la Guerra de Malvinas: el combate y la posterior travesía de supervivencia del ARA “Alférez Sobral”, el pequeño buque de la Armada Argentina que fue enviado en plena noche austral a una misión de rescate, escribiendo una página imborrable de valor y sacrificio.
La historia comenzó el 1° de mayo de 1982, cuando un avión Canberra de la Fuerza Aérea Argentina fue derribado al norte del estrecho de San Carlos.

Ante esa situación, el ARA “Alférez Sobral”, que se encontraba operando en cercanías, recibió la orden de dirigirse a la zona para intentar localizar y rescatar a los dos aviadores caídos.
Pero en medio de aquella misión humanitaria y militar, el buque argentino quedó expuesto en aguas dominadas por el enemigo.
Poco después de la medianoche del 3 de mayo, apenas horas después del hundimiento del ARA General Belgrano y mientras en el Atlántico Sur se desarrollaba la desesperada búsqueda de sus sobrevivientes, el “Sobral” fue detectado por helicópteros británicos que iniciaron un ataque con misiles aire-superficie Sea Skua.
La tripulación respondió con el escaso armamento disponible: un cañón de 40 milímetros y ametralladoras. Las condiciones eran extremas: oscuridad cerrada, mar embravecido y visibilidad reducida.
Los primeros impactos provocaron averías severas, pero el golpe más devastador llegó a la 1:20 de la madrugada, cuando un misil destruyó completamente el puente de comando y el cuarto de radio. Allí murieron el comandante del buque, Capitán de Corbeta Sergio Raúl Gómez Roca, y otros siete tripulantes.
Con el puente arrasado, sin comunicaciones, con el timón seriamente averiado, fuego a bordo, varios heridos y sin saber si un nuevo ataque era inminente, parecía imposible regresar.
Sin embargo, fue allí donde comenzó la verdadera dimensión de la hazaña. Bajo el mando del Teniente de Navío Sergio Bazán, también herido, los sobrevivientes lograron controlar el incendio, improvisar un sistema de navegación casi artesanal y sostener el buque a flote en medio de la hostilidad del Atlántico Sur.
Durante dos días navegaron prácticamente a ciegas, sin calefacción, con el casco dañado y sin certezas de ser encontrados. Mientras tanto, en esas mismas aguas continuaba la inmensa operación de búsqueda de las balsas del ARA "General Belgrano", cuyos náufragos luchaban también contra el frío, el viento y la incertidumbre tras el ataque británico del 2 de mayo.
La guerra había convertido al mar austral en un escenario de muerte, pero también de resistencia humana llevada al límite.
Finalmente, el 5 de mayo, luego de dos jornadas de angustia y esfuerzo extremo, un helicóptero argentino logró localizarlos, evacuar al herido más grave y guiarlos hasta unidades navales propias que los acompañaron hacia Puerto Deseado.
El recibimiento fue profundamente conmovedor: el ARA “Alférez Sobral” volvía maltrecho, perforado y con ocho hombres menos, pero convertido ya en símbolo de disciplina, temple y honor naval.
La embarcación sería luego reparada y continuó navegando durante décadas, transformándose en uno de los testimonios materiales más impactantes de la Gesta de Malvinas. Incluso con el paso del tiempo, veteranos y comunidades vinculadas a la Armada siguieron señalándolo como un emblema silencioso del sacrificio argentino en el Atlántico Sur.
A 44 años de aquella madrugada, el nombre del ARA “Alférez Sobral” vuelve a emerger con la misma fuerza que entonces: no sólo como un buque atacado, sino como el escenario donde un puñado de marinos argentinos decidió resistir, cumplir la misión y volver, aun cuando todo parecía perdido.