Sociedad | Fue blanco de un criminal ataque británico, el 2 de mayo de 1982, durante la Guerra de Malvinas, dejó 323 marinos muertos y una marca imborrable en la conciencia colectiva del país.
Ayer sábado se cumplieron 44 años del hundimiento del ARA Crucero “General Belgrano”, uno de los episodios más dramáticos y dolorosos de la Guerra de Malvinas, cuyo recuerdo permanece intacto entre los argentinos y, especialmente, entre quienes vivieron en carne propia aquella gesta del Atlántico Sur.
El 2 de mayo de 1982, a las 16:02, el crucero de la Armada Argentina fue alcanzado por torpedos disparados por el submarino nuclear británico HMS Conqueror.
Gravemente averiado y sin posibilidades de sostenerse a flote, minutos más tarde comenzó la evacuación de sus 1.093 tripulantes en medio de un mar embravecido, temperaturas extremas y condiciones desesperantes.
Finalmente, el buque desapareció en las heladas aguas del Atlántico, dejando un saldo de 323 argentinos fallecidos, casi la mitad de todas las bajas nacionales durante el conflicto bélico.
El ataque al “Belgrano” no sólo significó una pérdida militar de enorme magnitud, sino también un golpe humano y emocional que atravesó a toda la Nación.

Para Basavilbaso, la tragedia del ARA “General Belgrano” tiene además un significado profundamente cercano. Entre los 1.093 tripulantes que iban a bordo del crucero se encontraban dos hijos de esta comunidad: Héctor Ricardo Caballero y Julio NéstorVallejo.
Caballero integró la dolorosa lista de los 323 marinos que perdieron la vida en el ataque y su nombre quedó para siempre asociado al honor, el sacrificio y la entrega de quienes no regresaron.
Vallejo, en tanto, fue uno de los sobrevivientes de aquella jornada dramática en el Atlántico Sur y con el paso de los años se transformó en testimonio vivo de una experiencia límite que marcó a fuego a toda una generación.
Ambos representan, desde destinos distintos, la presencia imborrable de Basavilbaso en una de las páginas más conmovedoras de la historia argentina.
Los sobrevivientes debieron soportar horas interminables a la deriva, en balsas salvavidas, aguardando un rescate que llegaría en condiciones límite.
Aquella acción bélica, además, quedó envuelta en una fuerte polémica internacional al producirse fuera de la zona de exclusión marítima establecida por el Reino Unido.
Esta situación, con el paso del tiempo, alimentó debates diplomáticos, jurídicos y políticos, pero jamás logró mitigar el dolor por la pérdida de tantos jóvenes marinos argentinos.
A 44 años de la tragedia, distintos actos oficiales, homenajes militares y recordatorios de veteranos se realizaron en las últimas horas en distintos puntos del país para mantener viva la memoria de quienes quedaron custodiando el mar austral.
La Armada Argentina, sobrevivientes, familiares y comunidades enteras volvieron a rendir tributo a los héroes del crucero, reafirmando que el paso del tiempo no borra la dimensión de aquel sacrificio.
En Paraná, como en numerosas ciudades argentinas, los monumentos levantados en honor a los caídos son, cada año, punto de encuentro para renovar el compromiso con la memoria, la soberanía y el reconocimiento histórico.
El hundimiento del ARA “General Belgrano” fue mucho más que un hecho militar: fue una tragedia que marcó para siempre a generaciones enteras y que continúa latiendo como símbolo de entrega, dolor y patriotismo.
Hoy, a más de cuatro décadas de aquella tarde oscura de 1982, los 323 marinos caídos siguen navegando en la memoria viva de un país que no los olvida.