Domingo 04 de Septiembre del 2022 a las 10:16 hs.

Atribuyen al "Papa de la Sonrisa" un milagro argentino

Sociedad | Candela Giarda tenía 10 años cuando los médicos que la atendían le dijeron a su madre: “no podemos hacer nada más. Se muere esta noche”. La mujer empezó a rezar a Juan Pablo I y, de la noche a la mañana, la situación de su hija se revirtió totalmente. El caso de la entrerriana, de Paraná abrió el camino a la santidad del "Papa de la sonrisa".



El Papa Francisco beatificó hoy a Juan Pablo I, el pontífice que estuvo en su cargo solo 34 días en 1978, luego de que el Vaticano aprobara un milagro que se le atribuye sobre una niña argentina, entrerriana de Paraná.


Juan Pablo I, de nombre Albino Luciani, fue Papa entre el 26 de agosto de 1978 y su inesperada muerte el 28 de septiembre de ese mismo año.


Su fallecimiento siempre estuvo rodeado de hipótesis diversas, hasta que recientemente documentos oficiales confirmaron su deceso a causa de un infarto.


Durante la homilía que pronunció este domingo, Francisco resaltó que el nuevo beato vivió "con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo".


"Él encarnó la pobreza del discípulo, que no implica sólo desprenderse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer la tentación de poner el propio yo en el centro y buscar la propia gloria", enfatizó Jorge Bergoglio.


"Por el contrario, siguiendo el ejemplo de Jesús, fue un pastor apacible y humilde", lo destacó en medio de la fuerte tormenta eléctrica que tiñó de gris el cielo romano desde primera hora de hoy. El milagro que abrió las puertas a la beatificación se trata de la curación de una niña de 11 años en Buenos Aires el 23 de julio de 2011, que padecía "encefalopatía inflamatoria aguda severa, enfermedad epiléptica refractaria maligna, shock séptico" y que para entonces estaba al final de su vida, precisó el Vaticano.


El cuadro clínico de la niña era muy grave, caracterizado por numerosas crisis epilépticas diarias y un estado séptico causado por una bronconeumonía.


La iniciativa de invocar al Papa Luciani la había tomado el sacerdote Juan José Dabusti, párroco de la parroquia "Nuestra Señora de la Rábida" a la que pertenecía el hospital, del que era muy devoto.


"Al verla en ese estado, me animé a dirigirme a Juan Pablo I para pedirle la recuperación de su hija, y junto con ella y algunas enfermeras presentes, le recé", relató el sacerdote en Roma antes de la beatificación.


El retrato del nuevo beato, titulado "El Papa sonriente", fue caracterizado por el Vaticano como "una obra que encarna el poder contagioso y misterioso del amor".


"Con su sonrisa, el Papa Luciani logró transmitir la bondad del Señor. Es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, sereno y sonriente, que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada ni es impaciente, que no se presenta de modo áspero ni sufre por la nostalgia del pasado", aseveró Francisco durante la homilía de beatificación