Los operarios insisten en considerar que se ha ingresado en la etapa final de la exploración. La dureza de la roca basáltica impide que las herramientas avancen todo lo rápido que se desea, pero la tarea del trepano, que alcanzó una profundidad de 1.030 metros, es permanente.
“Se trabaja a dos turnos, no paramos nunca. Queremos terminar y creemos que estamos muy cerca”, manifestó uno de los Obreros. Las bajísimas temperaturas de las últimas horas no hicieron mella en los curiosos que incesantemente se acercan al predio con el propósito de observar los trabajos e interiorizarse de los últimos detalles.