Cerca de las 10 de la mañana de ayer se empezó a escuchar el ruido de motor en el andén de la estación Praná y junto a los aplausos y las lagrimas de la emoción reinante apareció entre la espesa vegetación la silueta del coche motor reparado por manos entrerrianas. Minutos después Alfredo Zermantten, un guarda jubilado de Ferrocarriles Argentinos, oriundo de Basavilbaso, hizo sentir su silbato y el comenzó el viaje, la aventura.