Producción | “La ganadería necesita previsibilidad y confianza” o de la Semana Ganadera por los 75 años de la Cooperativa Ganadera “El Pronunciamiento”, el analista Diego Ponti expuso sobre la situación del sector, la retención de vientres y los desafíos que plantea una ganadería cada vez más competitiva y profesionalizada.
La Cooperativa Ganadera “El Pronunciamiento” continúa desarrollando una intensa agenda para celebrar sus 75 años de vida institucional, con remates, charlas, homenajes y actividades que reúnen a productores, socios y representantes de la comunidad.
Este jueves, en el quincho del predio ferial de Colonia Número Dos, el secretario del Consejo de Administración, Jorge Pioli, presentó al analista ganadero Diego Ponti, quien ofreció una charla sobre la actualidad del sector, las perspectivas del negocio y, especialmente, los cambios que enfrentan las empresas ganaderas.
Ponti regresó a la Cooperativa después de haber participado años atrás de otra celebración institucional y comenzó su exposición marcando el cambio de escenario.
“Hoy vengo con mejores noticias que hace tres o cuatro años atrás. Espero que cuando venga el cumpleaños de los 80 sean mejores todavía”, expresó.
El especialista explicó que su intención era no limitar el análisis a los grandes indicadores del mercado —China, Estados Unidos, exportaciones o niveles de faena— sino trasladar ese escenario a las decisiones concretas que diariamente debe adoptar un productor.
Entre ellas mencionó definir si conviene vender el maíz o transformarlo en carne, alquilar o no un campo, incorporar superficie a la ganadería, avanzar hacia la recría o desarrollar un ciclo completo.
Ponti sostuvo que una de las claves es comprender que no existe un negocio que necesariamente sea conveniente para todos.
Para explicarlo recurrió a una comparación futbolística: administrar una empresa ganadera es, en alguna medida, asumir el papel de director técnico.
Primero hay que conocer las reglas de juego y luego saber con qué “jugadores” se cuenta.
Esos jugadores son los recursos disponibles: calidad del campo, equipo de trabajo, tecnología, capital y situación económica y financiera.
A partir de allí, cada establecimiento debe determinar qué negocio se adapta mejor a sus posibilidades.
“En función de los jugadores que tengo, esos recursos, voy a definir el partido”, resumió.
Ponti advirtió que copiar estrategias que funcionaron en otros establecimientos puede conducir a resultados completamente diferentes.
Una recría puede resultar atractiva para determinada empresa, por ejemplo, pero no necesariamente para otra que carezca de experiencia, infraestructura o condiciones productivas adecuadas.
Uno de los conceptos centrales de la exposición fue la transformación que, según Ponti, experimentó el escenario en el que se desarrolla la ganadería argentina.
“Cambiaron muy fuerte las reglas de juego en Argentina y la ganadería que conocíamos hasta ahora ya no es más”, afirmó.
El analista contrastó el escenario actual con períodos en los cuales las decisiones empresariales estaban fuertemente condicionadas por medidas políticas, restricciones comerciales, inflación elevada y sucesivas devaluaciones.
Según explicó, esas condiciones obligaban al productor a modificar permanentemente sus estrategias y, muchas veces, privilegiar negocios de corto plazo.
Ponti sostuvo que actualmente existe una mayor libertad para decidir qué producir, cuándo hacerlo y hacia qué mercado orientar la producción.
También destacó el impacto que tiene para la actividad un escenario de mayor estabilidad macroeconómica.
Recordó que las devaluaciones resultaban particularmente perjudiciales para la ganadería porque buena parte de los insumos y alimentos acompañaban rápidamente el movimiento del dólar, mientras que el valor de la hacienda demoraba considerablemente más tiempo en recuperar su precio medido en moneda estadounidense.
Ponti dedicó una parte importante de su exposición a explicar otro cambio que considera determinante: con una inflación en descenso, la eficiencia individual de cada establecimiento adquiere mucho más peso.
Durante años, explicó, los aumentos generalizados de precios terminaban produciendo periódicamente una recuperación del valor nominal de la hacienda.
Ese mecanismo permitía que empresas con distintos niveles de productividad permanecieran, de alguna manera, dentro del negocio.
Ahora el escenario es diferente.
“Cuando se estabiliza la macroeconomía, lo que pasa por fuera de la empresa, los resultados de la empresa dependen de la empresa”, sostuvo.
Por esa razón, remarcó que estabilidad no significa automáticamente rentabilidad.
“No es que estas condiciones te garanticen: metete en ganadería que te va a ir bien. De hecho, te va a exigir mucho más que antes”, advirtió.
Ponti definió este proceso como una “descomoditización de los resultados”.
Explicó que anteriormente era relativamente sencillo realizar una evaluación general sobre cómo atravesaban determinado momento los productores de una región.
Actualmente, incluso dentro de una misma zona y desarrollando la misma actividad, pueden encontrarse empresas con resultados muy diferentes.
La explicación, señaló, está cada vez más puertas adentro de cada establecimiento.
La productividad, la eficiencia, la utilización de los recursos, el manejo y la capacidad empresarial pasan a ser determinantes para establecer quién obtiene buenos resultados y quién enfrenta dificultades.
Para Ponti, la ganadería argentina está ingresando así en una etapa en la que producir ya no alcanza: será necesario gestionar cada vez mejor.
Durante la charla también se analizaron las señales que actualmente presenta el negocio ganadero.
Ponti mencionó los elevados valores alcanzados por el ternero y las estrategias que evalúan algunos productores para aumentar la escala de sus explotaciones.
Entre las alternativas llegó a mencionar decisiones patrimoniales importantes, como desprenderse de una parte de la tierra para transformar ese capital en hacienda cuando las condiciones particulares de la empresa justifican esa estrategia.
También destacó que comienza a observarse una retención de vientres.
Conservar hembras permite ampliar el rodeo reproductivo y, posteriormente, incrementar la producción de terneros. Sin embargo, se trata de una decisión cuyos resultados no son inmediatos.
Por eso Ponti vinculó este comportamiento con otro elemento fundamental para la actividad: la confianza.
“Este tipo de inversiones requiere previsibilidad y confianza”, señaló.
Retener o incorporar vientres significa inmovilizar capital y esperar varios años para obtener plenamente los resultados. En consecuencia, el productor suele adoptar esas decisiones cuando considera que existen condiciones que permiten proyectar su negocio hacia el mediano y largo plazo.
La exposición realizada en Colonia Número Dos dejó así una definición que atravesó buena parte de la charla: el nuevo escenario puede ofrecer oportunidades para la ganadería, pero también obliga a las empresas a ser más eficientes, conocer sus propios recursos y profesionalizar cada vez más la toma de decisiones.