Viernes 30 de Julio de 2021, 09:38

Arrendamientos: ¿por qué chocamos con la misma piedra?

Economía | Análisis de la situación actual del Contador Matías Méndez, Director de GC Agro.


Sobre los márgenes de la campaña agrícola 20/21 fueron dispersos, y cada vez se puede generalizar menos. En primer lugar, las lluvias, en una misma región, fueron muy erráticas para soja y algo en maíz.

En segundo lugar, cada productor particular, tiene tres negocios bien marcados en la agricultura: el productivo, el comercial y el financiero, y estos dependen mucho de cada productor, de su toma de decisiones, de su preparación y predisposición.

Cada vez más las habilidades blandas y los comportamientos influyen con mayor determinación en el negocio agrícola y sus márgenes. Tratando de hacer un intento de generalizar solo podemos comentar que los costos (arrendamientos, insumos, labores, gastos comerciales, estructura, etcétera), fueron los de una campaña que arrancaba con un valor para trigo en mayo 2020 de U$S 160 para diciembre 2020, y finalmente se vendió en U$S 215, lo que da un aumento del 35%; la soja en junio del 2020 cotizaba a U$S 220 y en mayo del 2021 se vendió a U$S 335, con un incremento del 52%; y un maíz que en junio 2020 cotizaba a U$S 130 para marzo 2021 y finalmente su precio fue de U$S 190, una suba del 46%.

Entonces, hay en principio dos grandes grupos: el primero, quienes recibieron lluvias aprovecharon rindes normales a precios muy superiores de lo esperado, con costos bajos relacionados a los precios de comienzo de la campaña, por lo que tuvieron excelentes márgenes. Y el segundo grupo, quienes no recibieron lluvias tuvieron malos rindes, que con un bajo costo inicial y con un mejor precio, el margen no fue tan negativo.

Entonces, a nivel de lotes, muchos productores tuvieron campos con buenos márgenes y otros con no tan malos. Al iniciar esta campaña buena parte de los productores pensaba -pero muy pocos lo hicieron- que la mejor alternativa era disminuir área, salir un poco del negocio. Las condiciones no eran buenas. Finalmente, lo que estaba planteado como una Niña, a algunos lotes les llovió, y lo que estaba planteado como un año de malos precios, terminó siendo un año de buenos precios.

¿Si en mayo de 2020 la idea era disminuir, porque nos estamos peleando por los alquileres?

Sin duda que la emoción de los precios y la esperanza o el optimismo de los productores a obtener rindes promedios con todavía precios de insumos bajos, los llevó a volver a disputar arrendamientos. Además, se escuchaba que había campos que venían de varios años de no cobrar correctamente su alquiler.

Lo lógico era pensar que solo se renovarían estos; pero no, se comenzaron a disputar muchos campos. Queda a la vista que había varios dueños de campos que no estaban conformes con sus arrendatarios actuales. Si no pagaban, es totalmente razonable; ahora, si pagaban en tiempo y forma, se ve que fallaba la comunicación, las habilidades blandas.

El productor debe cultivar estas habilidades y trabajar sobre sus comportamientos. En la era del conocimiento es imprescindible que tomen acción al respecto. Chocar con la misma piedra Una vez podemos caer en un mismo error. Pero cuando tropezamos ante los mismos obstáculos y caemos en las mismas trampas en forma seguida, es otra cosa. Se ve que la capacidad de aprendizaje está limitada por alguna circunstancia. O tal vez no, sino que las decisiones se toman siguiendo pautas que ya no funcionan, y que por el momento no soy capaz de comprender.

¿Será inexperiencia, despiste o porque no se quiere asumir la nueva realidad del negocio agrícola, que debe ser pensado a varios años?

Estamos convencidos de que se deben analizar los arrendamientos para la nueva campaña. Analizando los precios esperados, con los costos actuales de los insumos y labores, la cantidad producida de años anteriores y la cantidad de insumos y labores utilizados también en campañas anteriores y, principalmente, la experiencia de resultados anteriores. No decidir con las emociones sino con información y con la razón.

Y en la razón entra la experiencia para no volvernos a equivocar. Si bien la intuición es importante, la toma de decisiones no puede ser totalmente emocional, utilizándose razonamientos y pautas de decisión no claras que dependen casi exclusivamente del termómetro del mercado.

De esta forma es prácticamente imposible evaluar las acciones (correctas o incorrectas) para mejorar el proceso. Es entendible que los arrendamientos se comenzaron a disputar cuando todavía no habían comenzado a aumentar los precios de los insumos, ¿pero no se sospechaba que estos iban a comenzar a hacerlo? ¿O ya se habían calzado todos los precios de insumos y el precio de la producción a futuro? ¿No se pensaba en alquilar por varias campañas? ¿o se pensaba aumentar el precio de esta campaña y bajarlo en la próxima si las perspectivas son distintas?

Vamos al grano

Estábamos contentos con los aumentos del valor de los granos y pensábamos que esto iba a continuar (o por lo menos mantenerse), hasta que, a mediados de junio retrocedió un 10% aproximado en promedio el valor de todos los granos en dólares, y ahí recordamos la frase de que “el árbol no toca el cielo ni raíces el infierno”.

No obstante, los precios siguen buenos respecto a las perspectivas del comienzo de la campaña 20/21. En la primera semana de julio, con alta volatilidad, tenemos estos precios.

Por otro lado, teniendo en cuenta todos los conceptos de tasas de IVA, efectos de la devaluación proyectada por el mercado MatbaRofex, la cantidad de insumos históricos utilizados, y sus precios actuales con los aumentos sufridos.

Más las cantidades y precios históricos de labores, fletes, acondicionamiento, gastos comerciales, embolsado, estructura, arrendamiento actualizado (que en un promedio se observa entre un aumento del 10% y el 15%), los intereses de algún financiamiento de insumo, impuesto a los ingresos brutos y toda la cantidad de etcéteras...

En definitiva, todos los conceptos de gastos y costos fijos y variables que tienen que ser tenidos en cuenta por el productor para determinar el correcto punto de equilibrio, o rendimiento de indiferencia, financiero, en dólares, nos arrojan los siguientes números: el punto de equilibrio del trigo es de 2.854 kilos compartiendo el arrendamiento 50% y 50% con la soja de segunda, y el rinde promedio de las últimas 5 campañas es de 2.970. Con lo cual estamos con estos escenarios cerca de salir empatados.

El maíz sería parecer el que mejor está posicionado con un índice de alejamiento del punto de equilibrio del 28%, aunque sabemos que la inversión y el riesgo que se corre es mayor y por eso su rotación menor, o no la ideal. Con la soja (la vedette con el cual se cierra el precio de los arrendamientos), que su aumento genera emociones tanto al gobierno como a algunos productores, también estamos con un escenario de empate.

Un punto de equilibrio de 2.155 kilos y un rinde promedio de 2.250 kilos por hectárea. Y el sorgo, el jugador inesperado de la última campaña, por su mejor precio que el maíz también queda bien posicionado, con menos costos y riesgos, con un rinde promedio superior al 20% respecto del punto de equilibrio. Sin embargo, hay que tener en cuenta los problemas en su comercialización y pocos compradores en volumen.

Los precios son buenos, pero los costos de los insumos han aumentado considerablemente... y los precios de los arrendamientos también, con lo cual han impactado en un aumento del punto de equilibrio haciendo que nuevamente estemos en un escenario de que los márgenes esperados no serán tan buenos, en relación a los riesgos que se corren en la actividad agrícola en Entre Ríos.

Por todo esto nos preguntamos, ¿por qué volvemos a hablar de los aumentos de los precios de los arrendamientos? ¿no hemos aprendido a que hay que compartir los riesgos? Porque cuando menos los esperamos la seca nos juega una mala pasada. ¿No decíamos que teníamos que arrendar a porcentaje? ¿Por qué nos mata la ansiedad?

Tal vez el análisis es que los alquileres se ofrecen gracias a los márgenes obtenidos en la campaña actual, con una perspectiva cortoplacista de la próxima campaña, sin pensar en las siguientes dos campañas y no recordar lo que pasó en las últimas 5 y pagar un alquiler más caro, independientemente de la perspectiva que se tenga. Evidentemente es así.

Para no volver a tropezar Lo que nos sucedió en las sequías, en campañas con inundaciones, en épocas de bajos precios, ¿puede volver a suceder de nuevo?

La respuesta es que sí, por supuesto que puede. Es muy posible que los productores sean cuidadosos durante un par de años apenas suceden estos acontecimientos, pero después volverá a crecer la especulación hasta que se produzca un nuevo evento. Y así sucederá hasta que Dios empiece a hacernos menos codiciosos.

Por lo tanto, valen estos puntos a tener en cuenta: pensar a largo plazo: Lo que nos hace emocionar para aumentar los arrendamientos, son los precios, no los rindes obtenidos o el salto en alguna tecnología. Por lo tanto, debemos entender que el mercado fluctuará. Es lo que se viene haciendo en los últimos 400 años. Por lo tanto, hay que pensar con perspectiva del negocio a largo plazo. Nunca menos de entre 3 a 5 años.

Conocer los márgenes: ¿fue buena o mala la campaña agrícola? A eso no lo determina si rindió 10, 20, 30, 40 o 50 quintales por hectárea; o si ese indicador productivo estuvo por encima o debajo que el del vecino. Si los márgenes fueron positivos con 20 quintales o negativos con 30 quintales nadie lo mide. No se cuantifica. Se deben conocer bien los números de cada uno, no compararse con el vecino. Y evaluar los márgenes, no solo los rindes.

Ser sustentable: pensar en la sustentabilidad económica, ecológica y social del sistema en su conjunto con todos los actores y en el largo plazo antes mencionado. Pensar en las rotaciones, en agricultura siempre verde, con cultivos de servicio, en aplicar nuevas tecnologías, no solo de insumos, semillas y maquinarias, sino también para obtener información del sistema.

Trabajar las habilidades blandas: el productor debe cultivar estas habilidades, trabajar sobre sus comportamientos. En la era del conocimiento es imprescindible que tomen acción al respecto.

Evaluar todos los negocios: tener en cuenta que nos guste o no, existen 3 tipos de negocios en la agricultura: el operativo, el comercial y el financiero.

Habrá éxito si los 3 están alineados. Se puede ser muy bueno produciendo, pero si no comercializamos bien la producción o no compramos bien los insumos, perdemos dinero. Y a veces en la comercialización podemos hacer poco y termina siendo negocio lo financiero. Pero no se puede ser bueno en las finanzas y en lo comercial, y ser malo produciendo, porque también nos va a ir mal. Todo tiene que estar en equilibrio.

Evitar la precipitación: la toma de decisiones son muy importantes ya que determinan en gran medida el camino que toma la empresa y la forma en la que pretende alcanzar sus objetivos. Asimismo, una decisión equivocada puede tener graves repercusiones. Por ello es imprescindible evitar la precipitación y analizar toda la información, valorar las diferentes opciones y establecer los pros y contras de invertir en uno u otro campo.

Ser racional: a veces al tomar una decisión en la vida se deja llevar por la emoción del momento, por la ilusión o simplemente por la intuición o el estado de ánimo. A la hora de tomar una decisión hay que evitar dejarse llevar por estas emociones y tratar de ser racional. Eso sí, un punto de riesgo nunca viene mal, pero siempre con un apoyo racional.

Olvidar lo que hacen otros: las decisiones no deben estar marcadas ni influenciadas por lo que hagan otros. Ellos habrán hecho su propio análisis de situación y habrán actuado en consecuencia, pero cada productor tiene sus propias características, posibilidades y objetivos.

Por tanto, solo se debe tener en cuenta las características, posibilidades y objetivos de la Pyme.

Aprender de los errores: todo lo anterior serviría de poco si no se acepta la responsabilidad ante las repercusiones negativas de las decisiones y no se hace nada para aprender de los errores.

El fracaso es necesario para el éxito, pero solo si se analizan las razones del fracaso y se trabaja para mejorar las decisiones de futuro.