Teólogos del Vaticano aprobaron un milagro Mamá Antula
Domingo 22 de Enero

Teólogos del Vaticano aprobaron un milagro Mamá Antula

Sociedad | Avanza el proceso de beatificación de la religiosa argentina María Antonia de Paz y Figueroa o “Mamá Antula”.


La comisión teológica de la Congregación para las Causas de los Santos, del Vaticano, aprobó ayer por unanimidad el milagro atribuido a la intercesión de la Madre Catalina de María Rodríguez y sólo resta un paso previo a la beatificación: la aprobación de la comisión de cardenales, quienes en el caso de dar un veredicto positivo, serán los encargados de redactar el decreto de que se presentará al papa Francisco.

El presunto milagro, que ya había sido aprobado por la junta médica de la Congregación para las causas de los santos, tiene que ver con la curación de una mujer tucumana que sanó de una fuerte afección cardíaca sin explicación científica. La curación ocurrió hace 19 años, y se trata de la madre de una profesora del colegio de las Esclavas en Tucumán, quien continúa con vida.

Desde la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, fundada por la Madre Catalina de María Rodríguez, esperan que la última parte del proceso de beatificación que involucra a la comisión de Cardenales, se desarrolle en el corto plazo para que en 2017 haya una nueva beata argentina.

“Esta mujer hizo un poco de todo, fue una laica comprometida, una buena esposa y madre de familia, una religiosa fiel, en suma, una peregrina en busca de la voluntad y la gloria de Dios. Fue transgresora porque invitó a cambiar costumbres, paradigmas, normas. ¿Su motivación? Seguir lo que su corazón le pedía, dejarse interpelar y conmover por lo más herido de la sociedad, cumplir sus sueños, ser fiel a sus ideales, ser fiel a su fe. No hizo cosas de hombres, hizo lo que debían hacer las mujeres y les estaba vedado por serlo” dice su biografía, publicada en el museo cordobés Catalina de María.

Catalina de María Rodríguez nació en la Córdoba de 1823; una aldea con el sello de los jesuitas donde el protagonismo y la educación eran sólo para varones. Su familia tuvo gran protagonismo político, social y religioso. Su padre fue secretario de los gobernadores Bustos y Paz, su primo Santiago Derqui, presidente del país. Su esposo fue un destacado militar de la Confederación Argentina. Ella y sus tres hermanas perdieron a sus padres muy pequeñas y fueron criadas por sus tías.

Catalina recibió la educación rudimentaria de la mujer de la época: leer y escribir las primeras letras y las destrezas culinarias para ser una ama de casa. A los 17 años hizo sus primeros ejercicios espirituales y allí descubrió su vocación de consagrar su vida a Dios, pero no pudo realizarla porque en la Argentina y sus alrededores solo había conventos de clausura.

Se dedicó a promover y sostener la obra de los ejercicios espirituales y a los 29 años se casó con el coronel Manuel Antonio de Zavalía, viudo con dos hijos. Su marido fue nombrado edecán del presidente Derqui y se fueron a vivir a Paraná, donde tuvieron una hija que murió al nacer.

El matrimonio regresó a Córdoba, donde Catalina quedó viuda a los 42 años, tiempo en el que vio renacer su primera vocación y surgió su sueño de formar una comunidad de señoras al servicio de las mujeres más vulnerables para catequizarlas, enseñarles a trabajar y vivir con ellas, “como los jesuitas pero en femenino”.

Luego de 7 años de pruebas y contratiempos, Catalina mantuvo su deseo en alto porque “esa idea estaba entrañada en mi alma y aunque quisiera no podía quitármela” y en esos intentos “encontraba consuelo en Dios, de quien todo lo esperaba, cuya confianza no me faltó jamás”.

Finalmente su “corazón se halló satisfecho” el 29 de septiembre de 1872, con el nacimiento de la congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, primera congregación de vida apostólica de la Argentina.

Por pedido del santo cura Brochero y decisión de Catalina, en 1880, 16 hermanas cruzaron las Sierras Grandes a caballo para atender la Casa de Ejercicios y el Colegio de Niñas fundados por el padre Brochero.

El sueño de Catalina se transformó en un vuelo sin fronteras, constituyendo una gran familia que ama y repara, extendida por la Argentina, Chile, España y Benín (África).